El Dedo Acusador

Publicadas por Mael 30 sep. 2011

"Gracias a Dios la gente puede cambiar."


Si no sos creyente tomá la frase como un dicho popular.


Si sos creyente, bueno, no hace falta aclaración alguna.


Pero lo importante es que todos sabemos que podemos cambiar, es decir que no somos un producto terminado sino que más bien somos un conjunto, para nada ordenado, de pruebas y errores.


Y el cambio está desde el principio de nuestras vidas y pasa por todas nuestras etapas. Desde el colegio hasta aprender a caminar, pasando por boyar entre oficios/profesiones o cambiar de pareja hasta encontrar la adecuada. Siempre está con nosotros, pero, claro, muchas veces encontramos ese lugar en donde nos sentimos cómodos y, al menos eso, ya no lo cambiamos.


Pero ¿el sólo hecho de que exista la posibilidad de cambiar (porque muchas veces no lo hacemos) nos libra de lo que hicimos en otro tiempo, o sea, antes de haber cambiado?


Para dar un ejemplo burdo: un asesino que se reforma y deja de serlo ¿ya no carga con la culpa de los asesinatos que cometió antes de reformarse? Y ojo que hablo de la culpa interna, no hablo de juicios de terceros o de la sociedad. Hablo específicamente del juicio interno.


Y si aceptamos entonces que ese asesino reformado nunca podrá sacarse la culpa de los asesinatos que cometió (justamente porque se reformó, es decir, cambió, y por lo tanto puede discernir que antes del cambio había cometido un error, por decir lo menos) ¿puede ese asesino levantar el dedo y acusar a otro asesino con vehemencia o hacerlo "desde arriba de un pedestal"?






A lo que voy es que si alguien cambia y se da cuenta de su error, y por lo tanto tiene que vivir con el haberlo cometido, no me parece plausible que pueda levantar el dedo acusador con quien esté cometiendo el mismo error. Como mínimo sentirá pena de ver a alguien en ese lugar en el que estuvo antes y como máximo intentará ayudarlo a ver el error y luego a cambiar.


Obviamente estoy contemplando el escenario en que el que cambió lo hizo en serio y no a medias tintas... digo, para que se pueda seguir mi razonamiento.


Y entonces podemos inferir que los únicos que podrían levantar el dedo acusador serían aquellos que no cometieron el error antes. Pero como estamos en constante cambio (y aparte somos falibles) ¿quién nos asegura que no vamos a cometerlo en un futuro? O en el peor de los casos ¿quién nos asegura que el día de mañana no pensemos que ahora estamos equivocados y que cometer ese error es "lo correcto"?


Pero entonces ¿quién es el que puede levantar el dedo acusador?


La única respuesta que se me ocurre es que aquel que puede levantarlo es quien, o es perfecto, o no se dio cuenta de que está cometiendo el mismo error.


Y si sos creyente no crees en la perfección del ser humano.


Y si no lo sos, serías o demasiado soberbio si pensás que el único ser humano perfecto sos vos, o tendrías un complejo importante si pensás que otra persona (que no sos vos) es el perfecto.


¿Qué nos queda entonces? ¿Quién es el que puede levantar el dedo acusador?


Como decía una mujer que me enseñó mucho "les dejo la pregunta en el aire."




Y toda esta disquisición o ejercicio mental surgió de una frase que lei en una revista.


Esa frase la dijo una persona que trabajó codo a codo con uno de los personajes más nefastos de la historia de mi país.


Una persona que se dedicaba a entrar a los canales de televisión y, a punta de pistola, les decía a actores, periodistas, directores y productores que si no cambiaban y se alineaban con el discurso oficial podían "terminar mal".


Y en esa época se sabía que, a pesar de estar bajo un gobierno democrático, existía una organización paragubernamental llamada "Alianza Anticomunista Argentina" que, liderada por el Ministro de Bienestar Social de la Nación (José López Rega) se dedicaba a secuestrar, torturar y matar a quien creía un opositor político.


Y la frase que leí es esta:






Extraída de una nota que pueden leer acá de la Revista XXIII en su edición 691 del 29/09/2011. 


Revista hecha por gente que, seguramente, hubiese sido víctima de aquel Terrorismo de Estado del que, todavía, no nos animamos a hablar. Aquel Terrorismo de Estado que ocurrió durante un gobierno democrático.

M.

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